15 de junio de 2011

"No pasa nada, no pasa nada¡¡ ¿Verdad papi?"

Me suelo emocionar cuando recuerdo a mi pequeña Paula, con 5 años con las manos levantadas, diciéndome “!No pasa nada, no pasa nada¡” mientras con los ojos miraba los restos del plato con los restos de comida desparramados por el, hasta ese momento, brillante suelo de la cocina. Tras ver mi cara de susto confirmaba “¿a que no pasa nada, papi?”.
Y me emociono por dos razones:
una, porque esos deliciosos años ya pasaron, esa niñita cumple once años hoy y uno se pone tontorrón al recordarlos…
Otra porque todavía hoy sigue tan segura de que no pasa nada si algo le ha salido mal porque estaba intentando hacer algo nuevo (en aquellos años, tratar de llevar con sus inseguras manitas, su plato).  Y eso me enorgullece (no vamos a hacer todo mal los padres, no?).
¿Y por qué cuento esta pequeña historia?" Pues porque he estado leyendo un post de esos que guardo porque me parecen interesantes, me olvido de ellos y un día aparecen.
Se titulaba algo así como “Sé innovador: No te equivoques" O sea, como nos habrán dicho alguna vez nuestros bien amados/as jefes/as  “!!A ver Daniel si para variar (innova), no la lías (te equivocas)¡¡  
Esa, tan habitual orden, suele ser la preferida de muchos de los jefes ante sus gestores de proyectos o técnicos en general. Y claro, ¿Puede un equipo de asumir riesgos y probar cosas nuevas mientras en su cabeza resuena como un eco ese “.. no la lías… no la lías…” y, mientras suena, su nuca parece percibir el aliento del jefe pensándose un (innovador) castigo, ejemplarizante a poder ser?
Va ser que no. Pero el fracaso forma parte del proceso. Muy especialmente ahora en que, utilizando palabras del gran Benedetti “una vez que nos sabíamos las respuestas a las preguntas, vinieron y nos cambiaron las preguntas”.  Ahora en que tenemos que tratar de hacer cosas que nunca habíamos hecho antes, ahora que tenemos que abordar nuevas preguntas.
Si estamos pendientes de ese “a ver si la lías” es muy posible que nos bloqueemos y quememos porque no hay nada peor que acelerar con el freno de mano puesto, de tener ideas, iniciativas y que el jefe pise el freno y te diga "que te vas a saliiiiiir (SEGURO,  SI LO SABRÉ YOOOOOO¡¡) en la siguiente curvaaaaa¡¡¡.
"El fracaso es un mal necesario en la innovación", dice Jerry Manas,  editor de Planview - (y en todo) digo yo que, desafortunadamente no soy como él,  autor del magnífico Napoleon on Project Management: Timeless Lessons in Planning, Execution, and Leadership)-.
También dice que la mejor manera de transformar un concepto en una estrategia de negocio viable que permita a la empresa ser un verdadero líder es reconocer que no todo va a ser un éxito. Y cuando el éxito llegue, tampoco asustarse, entrar en “modo pánico” y dar marcha atrás (QUE YA LA ESTOY LIANDOOOOO).
"El cementerio de empresas está lleno de empresas que nunca arriesgó, que nunca experimentó con nuevas ideas o que nunca tuvo valor para adaptarse al cambio" dice también el amigo Jerry.
Cuando mi Paulita (snif, snif,…) hacía algo nuevo, arriesgado (sí, a veces era realmente arriesgado),… podían ocurrir dos cosas: que lo lograra o que no.
Si no lo lograba, la respuesta era la ya contada al inicio, pero con un matiz: celebrábamos el intento (aunque a veces pensáramos en la que había montado…). ¡Qué bien Paula, qué valiente, cómo te has atrevido, casi lo logras,…!  Su sonrisa y el brillo de sus ojos –que parecían decir: qué bien, casi lo logro, la próxima lo conseguiré- pagaban con creces el trabajo de tener que arreglar el desaguisado después.

Pues, en vez de meterle el paquete al Project manager por una determinada decisión, por un error, un fracaso en algún aspecto,.. no debiéramos ¿CELEBRAR LA VALENTÍA DE HABERLO INTENTADO?
Me he enterado, no sé si será cierto que Tata Sons, la sociedad de cartera principal del Grupo Tata en Mumbai, la India, da premios a fracasos en proyectos, todo ello en un banquete anual de gala.  Si alguien lo conoce y puede confirmarlo, encantado¡ El caso es que estos tipos, que parecen listos a juzgar por el Imperio que han montado, dicen “bobadas” como que  "Celebrar el fracaso es nuestra manera de decirle a la gente que queremos que probar cosas nuevas, y que si se esfuerzan de manera honesta y fracasan, “it’s ok" (traducido al español: “no pasa nada, papi, no pasa nada”).
Es gracioso como, según cuenta el director ejecutivo de la compañía, el primer año solamente hubo 12 candidaturas a tan singular premio pero que el segundo año (viendo que allí no quemaban vivo a nadie) hubo más de 200 solicitudues de equipos de proyecto que se propusieron lograr algo sin éxito a pesar de haber puesto empeño e ilusión (no habiendo hecho “el vaina” como decimos aquí, claro) .
Cuando Paulita hizo del plato de lentejas un “collage” en el suelo de la cocina, tratamos de explicarle porque podía haber ocurrido, le dimos mi plato, se lo colocamos bien en sus regordetas manitas, le explicamos cómo lograrlo y le dimos otra oportunidad (esta vez, sin que ella se diera cuenta, había una mano mágica que se aseguraba que el segundo plato llegara a su destino entero -tampoco era cosa de quedarnos sin vajilla...-)
Pues resulta que el Sr Gopalakrishnan (con apellido tan innovador, cualquiera...), director ejecutivo de Tata, hacía algo parecido. Como parte del proceso de celebración del fracaso, los equipos debían explicar lo que habían tratado de lograr y qué es lo que había salido mal. Las entrevistas se graban, los resultados se publicaban en un libro y se compartían en la web de Tata para "dar la mayor difusión al mensaje de que a pesar de que estos proyectos no tuvieron éxito, no fueron fracasos". Y porque "al compartir estas historias,  esperamos eliminar los miedos que otros pudieran tener respecto a intentar algo nuevo."
Paula, afortunadamente, nunca ha perdido ese espíritu aventurero aunque nos haya costado aceptar que un graffiti de nocilla en nuestra habitación era “pop-art”, que una falda recién comprada recortada con sus tijeritas estaba “a la moda”, que…

snif, snif, snif,… que no pasa nada, no pasa nada
(solamente el tiempo y, a veces, parece que ¡tan rápido!)

5 de junio de 2011

El arte de la felicidad. Dalai Lama, 4ª parte.

Cambio de perspectiva

La capacidad para cambiar de perspectiva puede ser una de las herramientas más efectivas de que disponemos para afrontar los problemas de la vida cotidiana.

Ayuda mucho el ver las cosas desde un punto de vista más amplio, dándonos cuenta, por ejemplo, de que hay muchas personas que han pasado por experiencia similares e incluso peores.

Si se fija la atención intensamente en un problema, éste termina por parecer incontrolable. Pero si se compara con otro de mayor envergadura, entonces parece pequeño y menos abrumador (sobre todo si se escribe o comparte con un amigo).

Una nueva perspectiva del enemigo

Vengarse no es sino crear un círculo vicioso. La otra persona no lo va a aceptar y, entonces, la cadena de venganzas es interminable. El resultado es que ambas partes sufren y la vida se envenena.

El budismo presta mucha atención e las actitudes que adoptamos ante nuestros enemigos o adversarios. Si se aprende a ser paciente y tolerante con los enemigos, todo lo demás resulta mucho más fácil, y la compasión fluye con naturalidad.

Así pues para alguien que practica el crecimiento interior, los enemigos juegan un papel crucial. Y para alcanzar una práctica cabal del amor y la compasión, es indispensable la práctica de la paciencia y la tolerancia. No hay fortaleza similar a la paciencia, no hay peor aflicción que el odio.

Por ello, no debemos ahorrar esfuerzos en erradicar el odio al enemigo y aprovechar el enfrentamiento como una oportunidad para intensificar la práctica de la paciencia y la tolerancia.

De hecho el enemigo es el elemento necesario para practicar la paciencia. Sin su oposición no pueden surgir la paciencia o la tolerancia. Normalmente nuestros amigos no nos ponen a prueba ni nos ofrecen la oportunidad de cultivar la paciencia. Eso es algo que sólo pueden hacer los enemigos.

Así que, desde este punto de vista, debemos considerar a nuestro enemigo un gran maestro y reverenciarlo incluso por habernos  proporcionado esa preciosa oportunidad.

Es la lucha, el proceso de resolver el conflicto con el enemigo, a través del aprendizaje, el examen, el descubrimiento de formas alternativas de afrontar los conflictos, lo que en último término da como resultado el verdadero crecimiento como una terapia acertada.


La importancia del pensamiento flexible

Tratar de examinar los problemas con objetividad multiplicando las perspectivas puede considerarse una manera de formar la mente en la flexibilidad.

Una mente flexible puede ayudar a reconciliarnos con los cambios externos y, también, amortiguar nuestros conflictos internos, inconsistencias y ambivalencias.

El Dalai lama tiene unas convicciones básicas que guían todas sus acciones: la bondad fundamental de todos los seres humanos, el valor de la compasión, la benevolencia y la generosidad, atributos comunes a todas las criaturas vivas.

Puede valer como un sistema de valores que nos ayude a decidir qué objetivos merecen realmente la pena perseguirse y cuáles son irrelevantes.

La cuestión es ¿Cómo podemos mantener de un modo coherente este conjunto de valores fundamentales y ser flexibles al mismo tiempo? El Dalai lama parece haberlo conseguido al reducir su sistema de creencias a unas cuantas verdades fundamentales: 1) soy un ser humano; 2) deseo ser feliz y no sufrir; 3) otros seres humanos como yo también desean ser felices y no quieren sufrir.


Al destacar el terreno que comparte con los demás, en lugar de fijarse en las diferencias, genera un sentimiento de unión que conduce a un mayor acercamiento y comunicación.

CUARTA PARTE: SUPERAR LOS OBSTÁCULOS

Encontrar significado en el sufrimiento

Victor Frankl, psiquiatra judío detenido por los nazis, dijo en cierta ocasión “el hombre está dispuesto y preparado para soportar cualquier sufrimiento siempre y cuando pueda encontrarle un significado. La supervivencia en los campos de exterminio no se apoyaba en la juventud o en la fortaleza física, sino en la forma derivada de hallar un significado en esa horrible experiencia.

Como aconseja un sabio hasídico, cuando un hombre sufre, no debería decir “esto es muy malo” ya que nada de lo que Dios le impone es malo. Pero es correcto exclamar: “esto es amargo” pues entre las medicinas hay algunas que están hechas con hierbas amargas.

M. Luther King dijo que “aquello que no me destruye, me hace más fuerte”.

Aunque el sufrimiento sirva a veces para fortalecernos, en otras ocasiones llega a ser valioso por lo contrario, por ablandarnos, haciéndonos más sensibles. La vulnerabilidad que experimentamos en nuestro sufrimiento suele producir una apertura y profundiza nuestra conexión con los demás.

Hay un aspecto de nuestra experiencia del sufrimiento que es de vital importancia: nos ayuda a desarrollar empatía, lo que nos permite acercarnos a los sentimientos y al sufrimiento de los demás. En este sentido, se puede considerar que tiene un valor. Así pues es probable que cambiemos de actitud y nuestro sufrimiento ya no nos parezca tan terrible.

Producir un cambio

El proceso de cambio

Es importante recordar que algún día ya no estaremos aquí. Se estimula esa conciencia, de modo que cuando se conjunta con el enorme potencial de nuestra existencia surge en nosotros la urgente necesidad de utilizar provechosamente todos los preciosos momentos de nuestra vida.

Para el dalai lama la educación es el primer paso para producir la transformación interna. El siguiente paso hacia el cambio supone generar “decisión y entusiasmo”, la motivación humana, mucho más importante que el talento natural. El esfuerzo es el último factor para el cambio, ligado al entrenamiento, a la creación del hábito.

Cómo afrontar la cólera y el odio

El odio y la cólera se consideran los mayores males debido a que son los principales obstáculos que impiden el desarrollo de la compasión y el altruismo y porque destruyen la virtud y la serenidad mental.

Por ello, es importante cultivar activamente los antídotos contra ellos: la paciencia y la tolerancia. Aprender y reflexionar sobre los efectos beneficiosos de la tolerancia y la paciencia y sobre los efectos destructivos y negativos de la cólera y el odio.

Los sentimientos de cólera y odio surgen de una mente torturada por la insatisfacción y el descontento. Uno puede prepararse con antelación trabajando sistemáticamente para crear satisfacción interior y cultivar la amabilidad y la compasión. Eso produce una tranquilidad de espíritu que por sí misma contribuye a impedir que surja la cólera.


Pero aunque está claro que dar rienda suelta a nuestra cólera no es la respuesta adecuada, tampoco lo es el desdeñarla o fingir que no existe.

Puesto que el nivel de estrés disminuye la capacidad para frenar el acceso de cólera, el primer paso preventivo consiste en cultivar estados mentales de una mayor satisfacción y serenidad.

En nuestra experiencia cotidiana, la tolerancia y la paciencia producen grandes beneficios. Desarrollarlas nos permitirá, por ejemplo, mantener nuestra presencia de ánimo. Si un individuo posee esta capacidad de tolerancia y paciencia, no verá perturbada su serenidad y su paz mental, incluso a pesar de vivir en un ambiente muy tenso, frenético y estresante.

En la mentalidad occidental , cuando alguien nos causa un daño, responder con “paciencia y tolerancia” parece transmitir una impresión de debilidad y de pasividad.

Hay una muy estrecha conexión entre humildad y paciencia. La humildad supone que, teniendo capacidad para adoptar una postura de mayor enfrentamiento, de tomar represalias si se desea, se decida deliberadamente no hacerlo.

Cómo afrontar la ansiedad y aumentar la autoestima

La ansiedad

Si la situación o problema puede remediarse, no hay necesidad de preocuparse. En otras palabras, si existe una solución o forma de salir de la dificultad, no habría necesidad de sentirse abrumado por ella. La acción apropiada, por tanto, es la de buscar su solución.

Es más sensato dedicar la energía a concentrarse en la solución que preocuparse por el problema. Por otro lado, si no hay forma de encontrar una solución, si no hay posibilidad de resolverlo, tampoco sirve de nada preocuparnos por ella, puesto que, de todos modos, tampoco podemos hacer nada. En tal caso, cuanto antes se acepte este hecho, tanto más fáciles serán las cosas.

Lo principal es la motivación, tener una sincera inclinación a ayudar. Entonces uno se limita a hacer las cosas lo mejor que puede y no hay que preocuparse por nada más.

La autoestima

La seguridad en sí mismo procede del hecho de ser honrado y claro con las propias capacidades. qué fácil y qué dificil.

dnl

29 de mayo de 2011

El arte de la felicidad. Dalai Lama (3 parte)

TERCERA PARTE: TRANSFORMACIÓN DEL SUFRIMIENTO

Afrontar el sufrimiento

El sufrimiento ante una pérdida humana es inevitable pero se puede reducir el que se deriva de luchar contra este triste hecho. El sufrimiento forma parte de la vida. Tenemos una tendencia natural a odiar nuestro sufrimiento y nuestros problemas.


La práctica más afectiva para tolerar el sufrimiento consiste en ver y comprender que el sufrimiento es la naturaleza. Cuando se experimenta un dolor surge un sentimiento de rechazo. Pero si en ese momento puedes contemplar la situación desde otro ángulo y darte cuenta de que tu cuerpo es la base misma del sufrimiento, eso reduce el rechazo, ese sentimiento de que, de algún modo, no mereces sufrir, de que eres una víctima. Una vez que comprendes y aceptas esta realidad, llegas a experimentar el sufrimiento como algo bastante natural.

Según el pensamiento budista tres son las causas del sufrimiento: la ignorancia, el anhelo y el odio, los tres venenos de la mente.

La sociedad occidental, a medida que adquirió capacidad para limitar el sufrimiento causado por duras condiciones de vida, parece que perdió la habilidad para afrontarlo.

La mayoría de la sociedad occidental moderna  tiende a pasar por la vida convencida de que el mundo es básicamente un lugar agradable, en el que en general impera la justicia, y que todos son buenas personas que merecen cosas buenas. Estas convicciones llevan a llevar una vida más feliz y sana. Pero la aparición inevitable del sufrimiento mina esas creencias y provoca graves crisis.

En esta sociedad occidental, a medida que el sufrimiento se hace menos visible, deja de verse como connatural a los seres humanos, se lo considera una anomalía, una señal de que algo ha salido terriblemente mal, como una señal de fracaso de algún sistema, incluso una violación de nuestro derecho a la intimidad.

Es apropiado analizar las causas de nuestra felicidad y hacer lo que esté a nuestro alcance para aliviar nuestros problemas. Pero mientras veamos el sufrimiento como un estado antinatural, como una condición anormal que tememos y rechazamos, nunca lograremos desarraigar sus causas y llevar una vida feliz.

Sufrimiento autoinflingido

Muchos sufrimientos son inevitables, pero otros tienen su causa en nosotros mismos.

La negativa a aceptar el sufrimiento es una receta segura para llevar una vida desdichada.

Hay muchas formas de contribuir activamente a experimentar inquietud mental y sufrimiento. Aunque en general las aflicciones mentales y emocionales tienen causas externas, somos nosotros quienes las empeoramos.

Es posible que el sentimiento se exacerbe si no lo alimentamos. Pero si pensamos en las presuntas injusticias de que hemos sido objeto y seguimos pensando en ellas una y otra vez, avivamos el odio, convirtiéndolo en algo muy intenso.

Por ello, en buena medida el sufrimiento depende de cómo se responda ante una situación dada.  

¡pero eso no es justo¡

Los problemas surgen a menudo en nuestra vida. Pero los problemas, por sí solos, no provocan automáticamente el sufrimiento. Si logramos abordarlos con decisión y centrar nuestras energías en encontrarles una solución, pueden transformarse en un desafío.

Pero si consideramos injusto ese contratiempo, añadimos un ingrediente para crear inquietud mental y emocional. Entonces, no sólo tenemos dos problemas en vez de uno, sino que ese sentimiento de injusticia, nos distrae, nos consume, nos priva de energía necesaria para solucionar la cuestión original.

Culpabilidad

Reconocer nuestros errores con genuino remordimiento nos sirve para mantenernos en el camino correcto de la vida, nos anima a rectificar nuestros errores si ello fuera posible. Pero si permitimos que nuestro pesar degenera hasta una culpabilidad excesiva y nos aferramos a nuestros errores del pasado, culpándonos y odiándonos por ellos, lo único que conseguiremos es flagelarnos inútilmente.

No es útil para nadie que permitamos que un sentimiento de culpa me abrume, sea fuente de desánimo y depresión. Es bueno aceptarse plenamente a uno mismo, con tus limitaciones, debilidades y errores de juicio. Pero la culpa no debe hundirte y debes tratar de seguir adelante y dedicar tus facultades a la ayuda a los demás.

Resistencia al cambio

El primer paso para librarnos del sufrimiento es conocer su causa fundamental: la resistencia al cambio. La vida es cambio. En la medida en que nos neguemos a aceptar este hecho y nos resistamos a los cambios de la existencia, seguiremos perpetuando nuestro sufrimiento.


dnl 

22 de mayo de 2011

El arte la Felicidad. Dalai lama (2a parte)

Recuperar nuestro estado innato de felicidad

Nuestra naturaleza fundamental



Estamos hechos para buscar la felicidad. Y está claro que los sentimientos de amor, afecto, intimidad y compasión traen consigo la felicidad. Estoy convencido de que todos poseemos la base para ser felices, para acceder a esos estados cálidos y compasivos de la mente que aportan felicidad. De hecho una de las convicciones fundamentales del Dalai Lama es que no sólo poseemos el potencial necesario para la compasión, sino que la naturaleza básica de los seres humanos es la benevolencia.

La cuestión de la naturaleza humana

Todos los seres humanos pueden tener la semilla de la compasión. Por ello es fundamental cuáles son las condiciones ambientales óptimas para la maduración de esa semilla en los niños: tener padres capaces de regular sus propias emociones, con un comportamiento altruista que los niños puedan imitar, que establezcan límites apropiados para el comportamiento del niño, que infundan en él responsabilidad y que utilicen el razonamiento para dirigir su atención hacia estados afectivos y hacia consecuencias que puede tener su comportamiento sobre los demás.

Una vez que llegamos a la conclusión de que la naturaleza básica de la humanidad es compasiva en lugar de agresiva, nuestra relación con el mundo que nos rodea cambia inmediatamente. Ver a los demás como básicamente compasivos en lugar de hostiles y egoístas nos ayuda a relajarnos, a confiar, sentirnos a gusto. Nos hace más felices.

Meditación sobre el propósito de la vida

Cuando la vida se hace demasiado complicada y nos sentimos abrumados, a menudo resulta muy útil retroceder un poco y recordar cuál es nuestro propósito, nuestro objetivo esencial.

Al afrontar la sensación de estancamiento y confusión, puede sernos útil tomar una hora, una tarde o incluso varios días para reflexionar y determinar qué es lo que nos aportará verdaderamente la felicidad, para luego organizar nuestras prioridades. Esto puede resituar nuestra vida en el contexto adecuado, permitir una nueva perspectiva y ver el camino correcto.

Volverse hacia la felicidad como un objetivo alcanzable y tomar la decisión de buscarla de manera sistemática, puede cambiar profundamente nuestra vida.

La utilización adecuada del tiempo consiste en servir a otras personas, a otros seres sensibles. Si no fuera así, evitemos al menos causarles daño.

SEGUNDA PARTE: COMPASIÓN Y CALIDEZ HUMANAS


Un nuevo modelo de relación íntima

Soledad y conexión

Suelo mirar a todo ser humano desde un ángulo positivo, intentando buscar sus aspectos positivos. Esa actitud crea inmediatamente una sensación de afinidad, una especie de conexión. Quizás se deba a que existe por mi parte menos recelo, menos temor a que si actúo de determinada manera puede que la persona me pierda el respeto o piense que soy un extraño. Como ese temor no existe provoco una especie de apertura.

Pero ¿Cómo se llega a esa actitud, a no temer ser juzgado por los demás, a despertar su antipatía?

Si te acercas a los demás con disposición compasiva, reducirás tus temores lo que te permitirá una mayor apertura. Creas un ambiente positivo y amistoso. Y aunque el otro no se muestre afable o no responda de forma positiva, al menos te habrás abierto a él con una actitud abierta, que te proporciona flexibilidad y libertad para cambiar tu enfoque cuando sea necesario.

Creo que en muchos casos la gente espera que sean los otros quienes actúen primero de forma positiva, en lugar de tomar la iniciativa de crear esa posibilidad. Tengo la impresión de que eso es un error, que puede actuar como una barrera que únicamente sirve para promover el aislamiento.

Dependencia de los demás frente a la independencia

La doctrina budista especifica que uno de los campos de mérito es practicar la amabilidad, la generosidad, la tolerancia y evitar acciones negativas. Su práctica requiere la interacción con los demás, en lugar de la independencia de todo y todos.

Los otros seres son indispensables. Así que, a pesar de que el proceso de relacionarse con los demás suponga a veces momentos difíciles, disputas, debemos intentar mantener una actitud de amistad y cordialidad, de modo que la interacción con ellos nos proporcione una vida feliz

Ahondar en nuestra conexión con los demás

Establecer empatía

Un medio efectivo para inducir a ser más cálido y compasivo consiste acerca de razonar acerca del valor y los beneficios prácticos de la compasión, así como hacer reflexionar a las personas sobre sus sentimientos cuando los otros son amables con ellas. Por ello, la empatía, la capacidad de apreciar el sufrimiento del otro, es uno de los medios más útiles para desarrollar más compasión.

La empatía supone una capacidad para suspender temporalmente el propio punto de vista y buscar la perspectiva de la otra persona, imaginar cuál sería la situación si uno estuviera en su lugar y, cómo lo afrontaría.

El Dalai Lama transmite proximidad porque siempre se acerca a los demás en el terreno básico que nos es común. Todos tenemos una estructura física, una menta, unas emociones. Todos hemos nacido del mismo modo y moriremos. Todos deseamos alcanzar la felicidad y ni sufrir.

Al mirar a los demás desde esta perspectiva, en lugar de percibir diferencias secundarias, como el hecho de que yo sea tibetano y tenga una religión y unos antecedentes culturales diferentes, experimento la sensación de hallarme ante alguien que es exactamente igual que yo. Relacionarse con una persona en ese nivel, facilita el intercambio y la comunicación.

El valor y los beneficios de la compasión

Definición de la compasión

Existe una compasión libre de apego, dependencia. No obedece tanto a que tal o cual persona me sea querida como al reconocimiento de que todos los seres humanos desean, como yo, ser felices y superar el sufrimiento. Y también, como me sucede a mí, tienen el derecho natural de satisfacer esta aspiración fundamental. Sobre la base del reconocimiento de esta igualdad, se desarrolla un sentimiento de afinidad.




Podría definirse la compasión como el sentimiento de no poder soportar el sufrimiento de otros seres sensibles. Y para generar ese sentimiento se tiene que haber apreciado antes la gravedad o la intensidad del sufrimiento del otro. Así pues, creo que cuanto más plenamente comprendamos el sufrimiento, tanto más profunda será nuestra capacidad de compasión.

Hay personas que ya desde el principio han sufrido mucho o les ha faltado el afecto de los demás y, más tarde, parecen no tener capacidad para la compasión y el afecto; son personas cuyo corazón se ha endurecido.

Los beneficios de la compasión

El desarrollo de la compasión y el altruismo tiene efecto positivo sobre nuestra salud física y emocional. Los estados mentales positivos pueden mejorar nuestra salud física y ayudan a mantener una buena salud emocional.

17 de mayo de 2011

El arte de la felicidad de SS Dalai Lama

NO creo ni en mi religión que es la buena...
... pero hay gente que me llama la atención. El Dalai Lama uno de ellos.
Me gustaría compartir parte de las cosas que dice en su libro "El arte de la felicidad".

Bajo los métodos de vida del Dalai Lama hay un sustrato de convicciones básicas: la dulzura y la bondad fundamentales de todos los seres humanos, el valor de la compasión, la actitud de amabilidad y sentido de comunidad entre todas las criaturas vivas.

PRIMERA PARTE EL PRÓPOSITO DE LA VIDA

El derecho a la felicidad

El Dalai Lama cree que el propósito fundamental de nuestra vida es buscar la felicidad, tanto si tienes creencias religiosas o no. Y además está convencido de que se puede alcanzar mediante el adiestramiento de la mente, que permita una transformación de nuestra actitud, de toda nuestra perspectiva y nuestro enfoque de vida.

Uno debe empezar por identificar aquellos factores que conducen a la felicidad y los que conducen al sufrimiento. Una vez hecho eso, es necesario ir eliminando gradualmente los factores que llevan al sufrimiento mediante el cultivo de los que llevan a la felicidad.

Es importante buscar la felicidad porque las personas felices, además, son más sociables, flexibles y creativas, más capaces de tolerar las frustraciones cotidianas y, lo que es más importante, son más cariñosas y compasivas que las personas desdichadas.



Las fuentes de la felicidad

La felicidad está más condicionada por el estado mental que por los acontecimientos externos. De hecho, que nos sintamos felices o desdichados en un momento determinado, frecuentemente tiene que ver sobre todo con la forma de percibir nuestra situación, con lo satisfechos que nos sintamos con lo que tenemos actualmente.

¿Qué define en gran medida nuestra percepción y nivel de satisfacción? Esas sensaciones están fuertemente influidas por nuestra tendencia a comparar. La comparación constante con los que son más listos, graciosos, exitosos,… tiende a alimentar la envidia, la frustración y la infelicidad. Pero también podemos intensificar nuestra sensación de satisfacción vital parangonándonos con aquellos que son menos afortunados y apreciando así lo que poseemos.

Los “Desearía ser…” pueden frustrar. Los “me siento contento de no ser …” producen lo contrario.

Lógicamente, la salud, las posesiones materiales y las amistades o compañeros son, de hecho, fuentes de felicidad pero para que un individuo pueda utilizarlos plenamente con el propósito de disfrutar de una vida feliz y realizada, la clave se encuentra en el estado de ánimo.

Cuanto mayor sea el nivel de calma de nuestra mente, tanto mayor será nuestra capacidad para disfrutar una vida feliz.

¿Cómo lograr la satisfacción interior?

La frontera entre lo negativo y lo positivo de un deseo o acción no viene determinada por la satisfacción inmediata, sino por los resultados finales, por las consecuencias positivas o negativas a medio o largo plazo.

Existen dos métodos para lograrla: obtener todo aquellos que deseamos y queremos (dinero, pareja, cuerpo perfecto,…) o, mucho más fiable, querer y apreciar lo que tenemos.

Valor interior

Otra fuente interna de felicidad, estrechamente relacionada con un sentimiento de satisfacción, es la conciencia del propio valor. Y la sensación de pertenencia a la comunidad humana, de vínculo con todos, es suficiente para crear una conciencia de valor y dignidad.

Si la fuente en la que se alimenta la dignidad y la autoestima es únicamente material, quizás pueda mantener una sensación de seguridad mientras dure su buena fortuna. Pero cuando ésta se desvanezca. La persona sufrirá porque no hay en ella otro refugio.

Por mucho que lo intentemos, a menudo no elegimos lo que es “bueno para nosotros”. Ello está relacionado en parte con el hecho de que la “elección correcta” a menudo supone sacrificar nuestro placer a corto plazo, en ocasiones destructivo. No es fácil lograrlo, salvo recordando que lo que buscamos en esta vida es la felicidad y no el placer inmediato.

Entrenar la mente para la felicidad

El camino hacia la felicidad

Si se desea la felicidad, se deberían buscar las causas que en otras ocasiones la han producido, y si no se desea el sufrimiento, debería procurarse que no vuelvan a presentarse las causas y condiciones que dieron lugar al mismo. Es muy importante aprender a apreciar este principio.

El factor mental es clave para alcanzar la felicidad, por ello, nuestra siguiente tarea es examinar la variedad de estados mentales que experimentamos. Necesitamos identificarlos con claridad y clasificarlos en función de que nos conduzcan o no a la felicidad.

Por ejemplo, el odio, los celos, la cólera, la venganza,… son nocivos para nuestra felicidad (aunque puedan dar lugar a un cierto alivio o placer momentáneo). Frente a ellos, el Dalai Lama cree que cultivar los estados mentales positivos, como la amabilidad y la compasión, conducen decididamente a una mejor salud psicológica y a la felicidad.

Disciplina mental

Alcanzar la verdadera felicidad exige producir una transformación en las perspectivas, en la forma de pensar, y eso no es tan sencillo. El cambio requiere tiempo. A medida que pasa el tiempo, s van acumulando los cambios positivos.

Cada día, al levantarte, puedes desarrollar una sincera motivación positiva al pensar “utilizaré este día de una forma positiva. No desperdiciaré este día”. Luego, por la noche, antes de acostarte, analiza lo que has hecho y pregúntate ¿Utilicé este día como tenía previsto? Si todo se desarrollo tal y como lo habías pensado, deberías alegrarte y felicitarte por ello. Si alguna cosa salió mal, lamenta lo que hiciste, sin culparte, y examínalo críticamente.

Podemos cambiar, transformarnos a través del entrenamiento. La práctica repetida de ello nos permite llegar a un punto en el que los efectos negativos de una perturbación no pasen más allá del nivel superficial de nuestra menta, como las olas que agitan el océano pero que no tienen gran efecto en sus profundidades.

Disciplina ética

Aunque nuestra sociedad no lo destaque, el uso más importante del conocimiento y la educación consiste en ayudarnos a comprender la importancia de tener más acciones sanas y aportar disciplina a nuestras mentes.

2 de mayo de 2011

Lunes con Sol: La paradoja

Hace tiempo leí un libro "La Paradoja: Un relato sobre la verdadera esencia del Liderazgo" de James C. Hunter que me cautivó, me influenció, que he aplicado (cuando razonablemente he podido) y que, cuando lo he hecho me ha ido mejor que cuando no. Pero que, en cualquier caso, me lo creo.

El (temido) JEFE es alguien que debe lograr que otros hagan lo que él necesita pero convenciendo, sin amenazar con su variable. Y por tanto necesita ser un líder. El título del libro hace referencia a que, precisamente, el buen líder no es aquel a quien sirven y que se hace servir, sino el que sirve a su equipo y se dedica a hacerles la vida más fácil para que logren los objetivos comunes.

Pero vale para nuestra vida diaria así que os resumo las notas que en su día anoté y encontré escritas entre sus páginas.

El Poder es la capacidad de forzar o coaccionar a alguien, para que éste, aunque preferiría no hacerlo, haga tu voluntad debido a tu disposición, fuerza, chantaje emocional,… (Pero también sabemos de memoria que mucho poder llega a corromper seriamente las relaciones)

Por el contrario, cuando nos ganamos la autoridad sobre la gente, nos ganamos el derecho a ser llamados líderes. Ya sabemos de memoria que el liderazgo es el arte de influir sobre la gente para que trabaje con entusiasmo en la consecución de objetivos en pro del bien común.

Cuando servimos a los otros y nos sacrificamos por ellos, estamos forjando nuestra autoridad. Paradoja¡ Y ya sabemos de memoria que autoridad es al arte de conseguir que la gente haga voluntariamente lo que tu quieres debido a tu influencia personal.

Si satisfacemos las necesidades de los otros estamos llamados, por definición, a servirles e incluso a sacrificarnos por ellos. Se recoge lo que se siembra. Si tu me sirves, yo te serviré. Si tu estas dispuesto a cualquier cosa por mí, yo estaré dispuesto a cualquier cosa por ti. Cuando alguien nos hace un favor, nos sentimos automáticamente en deuda con él.

“Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da, nada hay más simple, no hay otra forma, nada se pierde, todo se transforma” que canta Jorge Drexler, un regalo de Uruguay al mundo.

Y la paradoja tiene que ver con la palabra más hermosa, más manida, más prostituid pero más necesaria: el amor (pero en la acepción original “agapé=servicio y sacrificio, no en la noña, rosa y barato que se lleva).

Con la voluntad adecuada, podemos elegir amar (identificar y satisfacer sus legítimas necesidades) a los que dirigimos. Puede que alguien de mi equipo (o de mi familia directa o política) no sea especialmente agradable y puede que a mí no guste mucho, pero aún así, puedo ser paciente, honrado y respetuoso con él.

Dice el Dalai Lama que el enemigo es un regalo que nos llega para que fortalezcamos nuestra paciencia, nuestra caridad (aunque hay enemigos que lo que nos sacan es de nuestras casillas).

Y qué incluye ese “amor-ágape”:

 Paciencia (mostrar dominio de uno mismo). Si alguien de tu equipo comete un error, hay que señalarlo de forma firme pero comprensiva, respetuosa y positiva.

 Afabilidad (prestar atención, apreciar, animar). La mejor forma de prestar atención a la gente es, con mucho, escucharles activamente.

Requiere un disciplinado esfuerzo para silenciar toda conversación interna. Tratar de ver las cosas como el que habla las ve y tratar de sentir las cosas como el que habla las siente. Sin perder tu punto de vista. Realmente te importa lo que dice, pues es una persona importante.

Recibir elogios es una necesidad humana legítima, esencial para que las relaciones humanas funcionen. Pero debe ser sincero y referirse a algo concreto.

 Humildad (ser auténtico, sin pretensiones ni arrogancia). No es hacerse de menos, sino pensar menos en uno mismo. Es el conocimiento verdadero de ti mismo y tus limitaciones (y la necesidad de trabajar con un equipo, que nadie puede lograr grandes cosas solo o sola)

 Respeto (tratar a los demás “como si fueran gente importante” porque son gente importante). Hay que tener interés personal en el éxito de aquellos a quienes se dirige. Todos llevamos un post-it en la frente que dice “dame cariño” ¿no lo habéis visto nunca? Fijaros bien…

 Generosidad (satisfacer las necesidades de los demás). Aunque eso signifique sacrificar tus propias necesidades y deseos. Satisfacer las necesidades de los demás antes que las de uno.

 Indulgencia (no guardar rencor al que nos perjudica). Nadie es perfecto. Lo que no quita para que nos enfrentemos a ello cuando sucede, de forma abierta, honrada, directa y respetuosa.

 Honradez (estar libre de engaños). Implica ayudar a la gente a tener perspectivas claras, hacerles responsables, estar dispuestos a dar tanto las buenas como las malas noticias, informarles sobre los resultados de su trabajo, ser consecuente, tener reacciones previsibles y ser justo. El comportamiento debe estar libre de engaños y consagrado a la verdad a toda costa.

 Compromiso (atenerse a las propias decisiones). Parar desarrollarse integralmente como persona y a mejorar continuamente. Para que su equipo llegue a ser tan bueno como les sea posible.

Pero esto no sale así porque así. Igual que leer un libro de adelgazamiento no adelgaza, ni ver un partido de fútbol quema calorías (más bien las produce en forma de mala uva), el liderazgo empieza con la voluntad, que es la única capacidad que, como seres humanos, tenemos para que nuestras acciones sean consecuentes con nuestras intenciones y para elegir nuestro comportamiento. Nuevamente las sabias palabras de Albert Einstein, el trabajo es 1% inspiración y 99% transpiración. Y para acabar corriendo una media maratón, hay que empezar corriendo 5 minutos.

Y pensar cada día, ¿Querría yo que mi jefe, mi mujer, mi suegra, mi amigo

fuera paciente conmigo,
me prestara atención,
me apreciara,
me animara,
fuera sincero conmigo,
me tratara con respeto,
me satisficiera las necesidades según van surgiendo,
me perdonara cuando meto la pata,
fuera honrado conmigo,
me informara sobre los resultados de mi trabajo,
me pidiera responsabilidades
y me pidiera comprometerme?

Pues quizás debamos comportarnos con nuestros compañeros exactamente como quisiéramos que ellos lo hicieran con nosotros.

dnl

24 de abril de 2011

La increible historia de Emily (y III)

1988. Australia 8 – Aborígenes: 5

En Octubre de 1988 se presenta en Nueva York, centro mundial del arte contemporáneo en aquel momento, la primera exposición a gran escala de arte aborigen. “Dreamings: the art of Aboriginal Australia” que sorprende y fascina a sus visitantes y que, tras su éxito, viaja a Chicago, Los Angeles y, después, a Melbourne y Adelaida, ya en Australia.

“¿Sabes? Yo nací justo cuando abuela empezó a pintar y hacerse famosa. Y mamá me cuenta que muchos de los cuadros más alegres los pintó cuando yo nací y cuando le dijeron que yo me llamaría Emily se puso a reir, se metió en su cuarto y ¡no paró de pintar en dos días!”.


1992 Australia: 8 – Aborígenes: 6

No es hasta 1992 cuando la Corte Suprema de Australia legisla a favor de Eddie Mabo y otros aborígenes en un caso en contra del Estado de Mainland reconociendo los derechos tradicionales sobre la tierra del pueblo de los Meriam, población indígena de las Islas Murray. Esta decisión revoca el concepto de “terra nulis” e introduce el Native Title que permite a los indígenas de toda Australia reclamar sus tierras ancestrales con las que tengan vínculos culturales y políticos.

Emily me suelta la mano, se acerca a ver un cuadro de “la mejor amiga de su abuela” y casi sin voz me dice “Un día el Gran Djankawu le pidió a abuela por favor que se fuera con él para decorar el Jukurrpa, el lugar donde volvemos los Anmatyerre para ayudar desde allí a los que se queden aquí cuando lo necesiten. Y a abuela le pareció buena idea. La noche que se iba a ir, me dio un beso, me miró a los ojos y me dijo que ella estaría conmigo siempre que yo me acordara de ella, siempre que viera sus cuadros y siempre que contara a otros niños y niñas y mayores la historia que te he contado. ”

Se calló unos instantes y me preguntó ilusionada “¿Te ha gustado la historia?”

“Maravillosa, Emily, no la olvidaré nunca y se la contaré a mis hijas Paula y María, dos preciosidades como tú” respondí emocionado.

1997. Australia: 8 – Aborígenes: 7

La artista Emily Kame Kngwarreye (1910-1997) representó a título póstumo a Australia en la Bienal de Venecia, centro del arte vanguardista, fiesta y referente del arte contemporáneo en Europa, reconociéndose así a una de las artistas más significativas de la historia de la pintura australiana y convirtiéndose en la primera artista australiana invitada a este evento.

Emily, como buena parte de los aborígenes de Australia central, trabajaba como cuidadora de vacas y pastora de camellos desde niña. Esta gran dama nacida en los infinitos pastos del centro de Australia empezó a pintar en lienzos y con pintura acrílica con ochenta años –“¡¡40.000 años, me corregiría su nieta, que su abuela no miente”- aunque había pintado durante décadas en ritos ceremoniales de su tribu en las tierras, en los árboles, en los cuerpos de su gente y conocía todas las tradiciones orales, los secretos del Jukurrpa.

Su imagen, su pasado, su dignidad y su maestría, primero con sus pies y sus manos, luego con el pincel la convierten en referente del arte aborigen de ahora y de siempre. ¡Agridulce gloria la que no pudo disfrutar, que une Australia con Holanda, a Emily Kame con Van Gogh, casi 400 años después de que el capitán holandés Carstenz viera a los Anmatyerre como desechos humanos!

Qué mejor homenaje que las palabras del crítico de arte holandés Jhim Lamorre quien escribió que las pinturas de Kngwarreye estaban “entre las más bellas y más originales obras de arte que había visto nunca en la Bienal de Venecia”

Sirva este historia de homenaje y agradecimiento a Emily Kame por hacerme sentir lo que sentí y a y su vivaracha nieta que con sus grandes ojos brillantes me despedía sonriendo mientras me hacía prometer que volvería con María y Paula, mis hijas, para que se compartieran las historias de sus abuelas, porque mi madre –así le dije y tampoco miento- vivió casi tantos años como abuela Emily Kame.

Me fui no sin antes disfrutar una vez más de Summer Celebration, una explosión de color, de vida, de esperanza espectacular. Me paré, me senté y me quedé admirando el enorme cuadro -3 metros de largo por 1,5 de alto-, viendo la nube de miles y miles de puntos de colores, como una gran fiesta de fuegos artificiales. Tras décadas de humillaciones, destierro y sufrimiento surge la dignidad y la fuerza de vivir y, en el último tramo de su vida, abuela Emily Kame es capaz de sacar su energía, su vida y de expresar tanta alegría en un cuadro.

Junto a éste, Amnooralya Aewlye, es uno de sus últimos cuadros cuando ya había perdido prácticamente la vista: sobre un lienzo con fondo negro –la piel del aborigen- se cruzan serpentinas de colores rojos, azules, amarillos,… que representan la lluvia, la energía, que se desliza sobre el cuerpo y lo llena de vida.

Unas lágrimas se escaparon de mis ojos y sentí, fueron unos minutos, algo parecido a lo que los filósofos tratan de definir y los libros de autoayuda de conseguir y todos de vivir y que llaman… … felicidad. Quise compartir este momento y aprovechando las ventajas de la tecnología un sms voló desde Utrecht, atravesando un cuadro tan bonito como su título y tan increíble como su autora, y llegó al móvil de dos personas con las que quería compartir este momento.

2008. Australia: 8 – Australia: 8

12 de Febrero de 2008. El Primer Ministro de Australia pide públicamente perdón a todas las personas indígenas de la nación. De esta manera, da un paso que los gobiernos anteriores no habían querido dar –con la cobarde excusa de que habían sido otros y no ellos quienes habían cometido las tropelías-, afronta el pasado y el presente de la “Generación Perdida” y da el paso definitivo para la reconciliación de los dos Australias.

Qué maravilloso pensar que de la unión de la técnica occidental y el imaginario y figuración aborigen se haya llegado a un nuevo movimiento de arte contemporáneo. Completamente nuevo. Y que ahora es fuente de inspiración a pintores de todo el mundo y fuente de placer para los amantes del arte y, estoy seguro, de los que no lo son.




Hoy en día, estas pinturas son para las cooperativas aborígenes una fuente de ingresos (no solamente de arte vive el hombre…) algo que, guste o no, necesitan en este nuevo mundo. Pero, a pesar de todo, mantienen su cultura y su secreto, su Jukurrpa, su diseño y contenido es de su absoluta propiedad cultural. Nadie puede quitarles los diseños ni menos imponérselos. Pueden imitarlos pero no serán verdaderos porque no tendrán su alma.

Es reconfortante ver que la mezcla respetuosa enriquece mientras que el desprecio y prepotencia envilecen. Ojala aprendamos alguna vez esta lección para que como decía Daniele en la introducción de su libro, nuestros hijos y nietos tengan un mundo mejor.

Utrecht, por la tarde

Salgo a la calle. Un sol inusual ilumina las casas apretujadas que se asoman al canal, se nota alegría por las calles, las terrazas están llenas de gente, las bicicletas alegran el ambiente con sus timbres de aviso. Sonrío. Un señor de barba blanca con un cartel-anuncio nos da la buena nueva: “Jezus is onder ons” (Jesús está entre nosotros). “Puede ser, – pienso- pero se prodiga poco”.

Son las 3 de la tarde, hora de comer española y de merendar holandesa. Ya juntos chicos y chicas, comemos en una terraza a la orilla del canal, a 10 metros bajo el nivel del mar -confiamos en los ingenieros civiles holandeses y en que los diques que hicieron Holanda no sean como los de Lousianna americana que se desmoronaron con el Katrina tras rechazar la tecnología holandesa (el imperio en decadencia prefiere gastar sus dineros en otros menesteres)-.

El día se acaba con un paseo en un pedalo por los canales por expreso deseo de Paula y María que nos permite hacer un poco el ganso en un día de tantas emociones y poner a prueba la paciencia de los que tratan de disfrutar de una tarde tranquila en una de las terrazas como la que acabamos de estar.

Me encuentro feliz. Y no puedo evitarlo,… hago equilibrio en el pedalo y, antes de que mis hijas me retengan y me digan, con toda la razón, que no sea patético, canto, en esta especie de Venecia nederlandesa, la canción universal del amor y la alegría por excelencia:

‘O sole mio
sta ‘nfronte a te!
‘O sole, ‘o sole mio
sta ‘nfronte a te,
sta ‘nfronte a te!

La Haya, anochece

Hemos cenado y la familia se acuesta, las luces en la ciudad se apagan, los tranvías bajan su frecuencia hasta dejar de pasar, los últimos ciclistas apuran las pedaladas que les lleven a sus hogares, y solamente el chirrido de algún coche dejándose las ruedas al arrancar (también en Holanda hay macarras al volante) rompe el silencio.

Yo estoy inquieto. Demasiadas emociones para alguien como yo que las filtra poco. Vuelvo a hacer sonar las canciones de Souvenir…

Je voudrai savoir plus du passé
Et toi tu t'en fais pour l'avenir
Moi je pense que tout est fini
Toi, que ça n'a fait que commencer
Yo querría saber más del pasado
Y a tí solo te preocupa el futuro
Yo pienso que todo está acabado
Tu, que no ha hecho más que comenzar


Ojeo el catálogo de la exposición y a mi cabeza vienen Emily Kame, Yumtjin, Marrnyula, Tjumbo,… impronunciables nombres que esconden una vida de sufrimiento y dignidad a partes iguales y de una cierta victoria, agridulce, pero victoria en definitiva de los que suman sobre los que restan, de los que crean sobre los que destruyen, de los que buscan la diferencia frente a los que buscan el punto de encuentro, del respeto sobre el desprecio. Y me acuerdo de Emily y la historia de la abuela que murió a los 40.000 años.

¿Increíble? Ni hablar, “abuela Emily Kame nunca me mentía”.

Y me quedo convencido que André Bretón, cuarenta años después de aquel 1929, al escribir “Primero, ama. Siempre habrá tiempo, más adelante, de preguntarte sobre lo que amas, hasta el punto de no querer ignorar nada sobre ello” quiso disculparse ante esa Australia aborigen que, por su propio y surrealista desconocimiento, no aparecía en el mapa mundial de la creatividad que su grupo creó.

Al menos a mí, me dejó una frase que no puede mejor expresar

que no puedo odiar lo que no conozco
y es difícil odiar cuando realmente lo conozco,
que dejando a un lado mis perjuicios,
mis ideologías,
mis verdades incontestables,
mis razones irrefutables,
mis costumbres inmemoriales,…
me encuentro con la otra persona,
tal y como es,
con toda su riqueza.

Y en ese momento, es imposible odiar.



Creación de la tierra (1,5 m*3,20 m) Emily Kame Kngwarreye

Apago las luces y me acuesto razonablemente feliz.

Dnl

16 de abril de 2011

La increible historia de Emily (II)

1788. Inglaterra: 4 – Australia: 0

Australia es declarada “terra nullius”. Según nos explica Emily, que demuestra ser una niña muy estudiosa, implica que las nuevas tierras no tienen dueño y que los indígenas no existen en relación a la ley británica-. Y casi a la vez, llega a la actual Sydney la primera flota que transporta reclusos –compuesta por 736 hombres, mujeres y niños-.

“Abuela Emily Kame no estaba nada contenta con esta nueva invasión pues eran gente maleducada y muy desagradable que les trataban como si no fueran personas”. Por eso, las primeras veces que se encontraron los aborígenes australianos con esta primera flota cargada de presidiarios llevados al penal de New South Wales. Emily, bajando la mirada para que no pueda ver una lágrima que resbala por su mejilla, prosigue “hubo peleas y más peleas, muertos y más muertos, mucha pena y mucho dolor para nuestra tribu porque eran más y más fuertes”.

“Los Anmatyerre con sus primitivos instrumentos de caza les amenazaban y gritaban “!Warra, Warra¡” –que, me traduce Emily, significaba: !Marcharos¡-“pero lejos de asustarse los ingleses les robaron las tierras, los collares, todo lo que pudiera tener valor y secuestraron a muchas de sus mujeres, entre ellas a tías Papunya y Tuwa, hermanas de abuela Emily Kame”. Esta vez quien desvía la mirada para evitar que Emily vea mis ojos llorosos, soy yo.

1803. Inglaterra 5: Australia: 0

“Abuela Emily Kame siempre estaba de buen humor. Me reía mucho con ella. Me enseñaba a pintar con los dedos y con las manos y me explicaba qué significaba cada signo y porqué elegía un color. Todo tenía que ver con la historia de la tribu. Pintábamos juntas mientras me contaba divertidas historias. Decía que yo tenía que ser fuerte, no quedarme quieta y trabajar por un mundo más justo que el que ella había vivido. Que había que ser fuertes. Pero cuando contaba esta parte de su vida siempre se ponía triste y sus ojos se humedecían”.

Abuela Emily Kame, recuerda Emily, tras estar unos segundos en silencio, continuaba: “Llegaron malas noticias de otras tribus. Los recién llegados mostraban una total falta de sensibilidad y comprensión hacia nosotros. Prácticamente eliminaron a nuestros hermanos de la isla de Tasmania enviando a los pocos supervivientes a la minúscula isla de Flinders. Además, muchos miembros de nuestra tribu y de otras morían por las enfermedades que traían los colonos para las que no estábamos inmunizados ni conocíamos las plantas ni remedios con qué curarlas. Ni siquiera el Gran Djankawu parecía poder ayudarnos”.

Tras contarme esto, Emily, un poco decaída, se queda mirando a un cuadro de la exposición de su abuela –Summer dreaming, una explosión de color y energía-. La dejo sola unos instantes y leo unas reseñas que relatan cómo

“los baños de sangre son práctica habitual hasta los primeros años del siglo XX para cuando el número de reclusos enviados es ya superior a los doscientos mil. De las 500 diferentes lenguas y dialectos que se hablan antes de 1788, solamente queda una tercera parte de las cuales únicamente 50 se utilizan en la actualidad en la vida diaria”.

“Los objetos expoliados entre los siglos XVIII y XIX se exponen en Paris en 1919 en una exposición en la que el catálogo subraya que los aborígenes australianos son gentes primitivas sin arte”.

Emily me vuelve a coger la mano y tirando de mí, impaciente por avanzar, pasamos a otra sala en la que nos sentamos para admirar los cuadros de otros artistas y, todavía con semblante triste, me dice que uno de los días más tristes para su abuela fue cuando, siendo ella ya mayor, en 1901, los seis estados de Australia se unen formando una nación, fundando la Commonwealth de Australia, declarando Camberra su capital y apropiándose los colonos del término australianos. Los “salvajes” indígenas dejan de ser australianos y pasan a ser aborígenes. “Decía mi abuela que primero nos quitaron las tierras, luego parte de la familia, luego el nombre. Solamente nos quedaba el espíritu del Gran Djankawu y la dignidad de sentirnos mejores”.

Por aquella época, en Europa, Paris 1929, los surrealistas -entre los que se encuentra André Bretón, referente del movimiento- publican un mapa del mundo donde el tamaño de cada país era proporcional a su arte y su potencial creativo. En ese mapa Australia aparece como una isla del tamaño de Ibiza. Para la intelectualidad europea, Australia no tenía arte.

1945. Australia (los colonos ya se han apropiado la “denominación de origen”): 6 – Aborígenes: 0

“Abuela Emily Kame siempre lloraba de rabia cuando nos contaba que tras la una guerra mundial que los ingleses llamaban la segunda, mi abuela y su tribu fueron obligados a vivir en reservas y misiones mientras la gran mayoría de australianos blancos vivían como si no pasara nada. Fíjate si les trataron mal que a mi madre, que era pequeña como yo, no le dejaban ir a la piscina, ni al cine ni al teatros donde iban los blancos”.

Un apartheid a la australiana, pienso para mí, menos conocido, quizás por faltar un Steve Biko al que cantara un Peter Gabriel o un Mandela, o quizás por estar muy lejos, o quizás porque quien mandaba era el imperio vigente, el anglosajón, o quizás porque aquí en Europa teníamos bastante con nuestra propia guerra, o… qué más da. Dejo esos pensamientos y me concentro en un cuadro precioso espectacular, como todos los de Emily, que otra chica, junto a nosotros, mira con la misma atención…



“Abuela Emily Kame se puso muy triste por aquellos días. Al estar alejados de su tierra a la que se sentían tan unidos, los ancianos y ancianas como ella perdían su autoridad. Les prohibían viajar por lo que no podían ir a sus lugares sagrados y cumplir con el Gran Djankawu. Sin poder hacer eso, sentía que no eran nada, se sentían abandonados.” Cuenta Emily sin mirar al cuadro sino al sol que entra por la ventana iluminando parte del cuadro y dándole un aire mágico.

1953: Australia-Inglaterra (nuevos fichajes): 7 – Aborígenes: 0

Tras la segunda guerra mundial, comienza la carrera atómica. Un área del sur de Australia, donde muchas tribus aborígenes continuaban llevando vidas seminómadas, pasa a ser zona de pruebas nucleares del ejército británico.

Leo en el folleto que por aquella época, algunas personas como el artista Albert Namatjira y el actor Robert Tudawali, de origen aborigen ponen las primeras semillas como personajes públicos socialmente conocidos (el más glamouroso cuerpo de hielo, Nicole Kidman, todavía no existía). Pero todavía ni la sociedad ni la clase dirigente hace nada al respecto.




1910-1960. Australia: 8 – Aborígenes: 0

Emily coge mi mano con su manitas morenas, como si tuviera miedo a que lo que le pasó a su madre le fuera a pasar a ella misma y agarrándome fuerte me cuenta como “cuando mamá tenía doce años, fue apartada de abuela Emily Kame, porque decían que tenía que olvidarse de sus antepasados, sus dioses y sus tradiciones y aprender a vivir como personas civilizadas. No solamente mamá, muchas de sus amigas fueron secuestradas. A mamá le enviaron a un orfanato, a su mejor amiga a una familia de acogida. A las dos les obligaron a hablar el inglés. Abuela cuenta que fue el día más triste de su vida y que pedía todos los días al Gran Djankawu que le diera fuerzas y sabiduría a su pequeña Tula y que hiciera todo lo posible para recuperarla”.

Le miro a sus grandes ojos y veo una lágrima que cae por su mejilla. Pienso que no hay nada más triste que ver llorar a un niño por haber perdido un ser querido.

Pero de repente su tristeza se convierte en sonrisa y acelerada me cuenta que eso fue “lo peor de lo peor” pero que cuando mamá creció las cosas mejoraron. “¿Sabes qué?- me pregunta- “Cuando mamá cumplió veinte años personas buenas empezaron a organizar campañas a favor de nuestros derechos y de todas las injusticias hecho con abuela Emily Kame y mamá Tula”.

Segunda parte del partido

1967. Australia: 8 – Aborígenes: 1

Todo empezó un 27 de Mayo de 1967, veintitrés días antes de que naciera quien escribe estas líneas y veinticuatro de que naciera la bella Nicole Kidman, se celebra un histórico referéndum por el que la población de Australia garantiza a la población aborigen la plena ciudadanía y el derecho al voto.

“¡¡ Ese día fue super especial!!” grita Emily sin poder reprimir unos saltitos de alegría y mirarme con una de las sonrisas más bonitas que me han regalado. “¡¡Además, mamá había conocido a papá y se habían hecho novios!!” Me dice mitad divertida, mitad avergonzada como cuando mi hija Paula nos ve darnos un beso a Ana y a mí y se mete en medio no sé si para separarnos o para sentir calorcito, protección y ocultar su alegría…

1971. Australia: 8 – Aborígenes: 2

Junto a una foto de una escuela rural cuyas puertas y paredes aparecen pintadas, leo como Geoffrey Bardon, 31 años, acepta en 1971 un puesto temporal de profesor de arte en un asentamiento aborigen en el desierto australiano central. Dice la reseña que, tras unos meses de trabajo, no consigue motivar a sus alumnos. En su diario, Geoffrey anota “aparte de una larga lista de enfermedades como la hepatitis, la gastroenteritis y la sífilis, la que con mayor fuerza mata a esta gente es la desesperanza que les lleva a abusar del alcohol y esnifar gasolina”.

El arte que les enseña y los temas que les propone no parece despertar la curiosidad de sus pupilos. Es él en cambio quien empieza a interesarse por los diseños gráficos realizados por sus alumnos a hurtadillas. Un día, les propone que pinten lo que quieran en las blancas paredes de las clases y de los pasillos del colegio ganándose el mote de Mr. Patterns (Sr. Dibujos).

Los alumnos que pintan lo hacen siguiendo instrucciones de un anciano, Wallangkarri Tjakamarra, Old Mick, el “kirda”, el depositario del Jukurrpa de la tribu. Preguntó a Emily qué significan Jukurrpa, para ahora que la veo más animada, oírselo contar a su manera:

“!!Pues son las cosas que les pasaban a nuestros dioses, que vivieron aquí antes de que naciera yo y antes de que naciera mamá y antes de que naciera abuela Emily Kame¡¡. ¡!Mira, ahí se ve que juegan y ahí que estén enfadados y mandan un rayo y ahí –se sonroja- se ven unos dioses abrazados…-“

Los juegos, conflictos y enredos amorosos de los dioses van originando el paisaje de la tierra australiana y los códigos de comportamiento sexual, familiar y social beneficiosos para los Anmatyerre - que han sido transmitidos de generación en generación por los abuelos hasta depositarlos en Old Mick. Yo no distingo nada de lo que me señala Emily. Ella sabe leerlo y yo no. Lo que sí veo es color, color y más color. Vida, vida y más vida. Tras la humillación, esperanza, esperanza y más esperanza.




Emily me cuenta cómo Bardon puso a su disposición telas, lienzos, tablas, pinceles, pinturas, con las que los alumnos dibujaron diseños cuyo significado contenían el espíritu de su cultura, diseños que habían tenido soportes efímeros hasta ahora –el cuerpo, la cara, los brazos, la tierra, las rocas, los árboles,…-, figuras mágicas que tenían como fin durar únicamente el tiempo del rito, de la plegaria, de la ofrenda, del recibimiento, de la despedida, de la alegría, de la celebración o de la victoria.

En poco tiempo, se produce una pequeña revolución pacífica y artística: más de treinta hombres y mujeres comienzan a pintar en cualquier superficie que encuentran: baldosas, paneles de madera, cortezas de árbol, fruteros, vajillas,….

1973. Australia: 8 – Aborígenes: 3

Bardon deja la escuela dos años después pero su sustituto, Peter Fannin, coge el testigo. Al ver su foto en la exposición, Emily no puede contener un grito de excitación “¡¡Ése es el profe de pintura de abuela Emily Kame; él le enseño a pintar y le dijo que aunque tuviera tantos años, haría cuadros muy bonitos porque ella ya pintaba en la arena con sus dedos y en los cuerpos de las mujeres de su tribu y con todos los colores que le iba a dejar haría cuadros todavía más bonitos¡¡”

Fannin, con renovadas fuerzas como coordinador, extendió estas cooperativas de arte por el resto de asentamientos, gestionando y enseñando a gestionar estos centros, comercializando y enseñando a comercializar sus pinturas y, lo que es más importante, protegiendo los derechos de los artistas, menos universales y menos valiosos que su cultura y dignidad recuperada. Además, las pinturas permitieron a algunas tribus hacer valer sus derechos históricos sobre la tierra al ser capaces de representar de memoria con planos-pinturas dónde estaban.

1976. Australia 8 – Aborígenes: 4

La Ley de los Derechos sobre las Tierras de los Aborígenes, vigente en la región del norte, permite a sus propietarios originarios reclamar su propiedad y las tribus aborígenes de esta zona de Australia dejan los asentamientos y reservas para irse a vivir a sus paisajes natales.

Emily, cada vez más contenta, me cuenta que “al final mamá y papá pudieron irse a vivir con la abuela y que ya no se volvieron a separar hasta que el Gran Djankawu le pidió a la abuela que se fuera con él a pintarle cuadros tan bonitos como los que pintaba aquí…”. Esto último lo dice con orgullo y pena.

10 de abril de 2011

la increible historia de Emily (1 de 3)

la increible historia de Emily (de Utrecht a Utrecht pasando por Australia)

“Aimer, d’abord. Il sera toujours temps, ensuite,
de s’interroguer sur ce qu’on aime jusqu’à n’en vouloir plus rien ignorer”.
André Breton, 1962.

Amanece en La Haya

Me levanto, con cuidado para no despertar a las chicas, voy al salón y busco uno de los miles de discos de música pop que David tiene y que nos está descubriendo y enseñando a disfrutar con sus apasionadas explicaciones. Elijo el grupo “Souvenir”.

Por la ventana veo cómo la ciudad se despierta. Me encantan estos momentos, solo, por la mañana. Los coches, ciclistas, tranvías, circulan silenciosamente como si no quisieran romper este momento. Repaso la guía turística para ver lo que se puede ver en Utrecht –recomendación expresa de nuestros anfitriones David y Gabriela-.

A juzgar por la guía Utrecht promete bosques frondosos en Heuvelung donde perderse con la bicicleta, numerosos castillos en Amerongen y Wijk bij Duustede -tradicional lugar de descanso de mercaderes y terratenientes acaudalados de Amsterdam a partir de los siglos XVII y XVIII-, pueblos de ensueño como Amersfoort –parajes idílicos donde en los años 40 del siglo pasado, prepotentes esbirros de la locura humana, la ira, el odio y la guerra instalarón un campo de concentración- o preciosas vistas en el Lage Vuursche -muy popular entre los excursionistas me indica la guía-.

En la propia ciudad de Utrecht nos recomienda no perdernos los canales que encauzan el río Oudestracht, antes ruta clave para la economía de la ciudad, ahora lugar de paseo para sus habitantes; el Centraal Museum; las viejas murallas de la ciudad junto a los canales que rodean la ciudad, lugares idílicos para jóvenes y no tan jóvenes enamorados; las Pallaskameren -asilos construidos en 1651 por Maria van Pallaes se ofrecía alojamiento gratuito, comida y bebida (cantidades moderadas puntualiza la guía…) cada día-, el museo holandés del ferrocarril, el observatorio del siglo XIX,….

Mientras no se despierta el sector femenino de la familia, aprovecho para seguir leyendo “The Global Commonwealth of Citizens” de Daniele Archibugi. Aunque solo sea por el delicioso final de su introducción –“este es uno de esos libros peligrosos escritos con la esperanza de que nuestros hijos y nietos tengan un mundo mejor. Ese mundo mejor ciertamente no se lo podemos garantizar pero, al menos no nos podrán reprochar el haber ignorado el reto”- merece la pena intentar leerlo.

Retomo la lectura en el que el autor duda, no me extraña, de las intervenciones humanitarias y sobre el deseo aparentemente bondadoso y altruista de convertir a sus valores a todo el mundo.

En él, el autor subraya algo que, no por estar claro, a veces olvidamos:

“…puertas adentro defienden la libertad y los derechos democráticos de sus pueblos, pero puertas hacia fuera se comportan como una dictadura más poniendo a su disposición los medios más innobles para atacar al que no piensa como ella y tiene lo que anhela ella…”,

“…y sus esfuerzos por convertir a los bárbaros a la libertad y la democracia se han convertido en eslóganes publicitarios para realmente defender intereses creados y atacar al enemigo, con una maquinaria de propaganda que no solo no demoniza sino que santifica sus acciones convirtiendo los crímenes de guerra en daños colaterales, la agresión en prevención y la tortura en interrogatorios coercitivos”.

Se despereza la familia, dejó el libro y preparó zumo, tostadas y horchata; un desayuno a la altura de este día.

Utrecht, por la mañana

De Laan van Roos en Dorn (calle de la rosa y las espinas) en tranvía a Den Haag Centraal Station; en cercanías hasta Utrecht Centraal Station. De Utrecht Centraal Station, atravesando un megacentro comercial que une la estación con la ciudad, al centro de Utrecht.



La ciudad es deliciosa, surcada por canales, puentes pintorescos, calles estrechas, jardines cuidados que vamos disfrutando y, sobre todo, cafés sillas dispuestas como a mí me gusta: mirando al paseo para no perderte nada. Sentados los cuatro, mirando a la gente pasar, disfruto viendo bicicletas y bicicletas de todos los tamaños y diseños, colores y estampados, con la más surtida gama de complementos para bicicletas uno hubiera imaginado (lleva-niños, lleva-ancianos, tándems, con cestas, con maleteros, con quita-vientos, con sidecar para niños, con minimotores por si hay un repecho,…) ¡Cómo me gusta ver pasar gente e imaginar por sus caras, por sus vestimentas, por sus bicis,… a dónde irán, a quién van a buscar,…!

Compartimos terraza con un amable matrimonio nativo que nos enseñan nuestras primeras y casi últimas palabras en neederlandés “dank u well” para dar las gracias, “dag” para decir adios, “Heel roed”, muy bien y “Tot zines” con las que nos despedimos (hasta pronto).

Hacemos dos grupos, uno –las chicas- al museo del tren otro –el chico- que prefiere seguir deambulando y, como ocurrió, sin querer, encontrarme con el Ab Original At Museum desde cuyo inmenso ventanal veo cuadros llenos de color que, a pesar que suelo preferir pasear que ver museos, me animan a entrar.

Australia, al mediodía

Los primeros cuadros me llaman la atención por el colorido, por el punteado infinito y vital que tienen muchos de ellos, por lo incomprensible de su contenido, por lo atractivos y alegres que resultan. Una niña de unos 12 años me sonríe, me da la mano y me dice: “Hola, me llamo Emily. Ven que te presente a mi abuela, Emily Kame” mientras me lleva ante una foto de una señora muy anciana, de tez oscura, con el pelo recogido bajo un pañuelo, ataviada con vestido amarillo, cuyos pequeños ojos nos miran con curiosidad.




“Esta es mi abuela, murió hace poco, tenía muchísimos años, casi cuarenta mil. Ella me decía que más de cuarenta mil. Y yo le creo. Mi abuela nunca me mentía”. Y empieza a contarme la historia de su longeva abuela que yo, como futbolero que soy, no puedo evitar verla como la retransmisión de uno de los partidos más apasionantes, maravillosos, duros y bonitos que he visto. Escucho, observo, aprendo.

Emily me empieza contando que cuando su abuela nació en Australia, donde era un bebé aborigen de la tribu de los Anmatyerre cuando unos señores muy violentos, procedentes de lejos, llegaron…

Tal y como la va contando Emily, parece un desigual partido entre el combinado de dos de las mejores selecciones del mundo, Inglaterra y Holanda, en los campeonatos mundiales de los siglos XVII y XVIII, y la Australia aborigen, poco preparada y mal entrenada para este tipo de encuentros.

40.000-1606 Australia. La previa del partido.

Emily me cuenta historias que le contaba su abuela mientras su abuela hacía lo que más le gustaba: pintar. Me dice que “nuestra gente desciende del Gran Djankawu quien vino de la isla de Baralku cruzando el mar. Nuestros espíritus vuelven a Baralku cuando mueren. Djankawu vino en su canoa con sus dos hermanas, siguiendo el lucero del alba que le guió a las costas de Yelangebara en la costa este de la Tierra de Arnhem. Ellos caminaron a lo largo del campo siguiendo las nubes de la lluvia, cuando querían agua, clavaban un palo en la tierra y el agua manaba en abundancia. Ellos nos dejaron los nombres de todas las criaturas de la tierra y nos enseñaron nuestra Ley”

Emily detecta mi sonrisa ante la ingenua pero preciosa historia de la creación y se enfada un poco, apartando por un instante su manita de mi brazo. “Esta es nuestra historia” –afirma-. “Otros pueblos tienen sus propias historias de cómo se crearon sus montañas y sus ríos, cómo sus tribus crecieron y cómo vivieron. Y también son verdad. Porque descienden de otros dioses también buenos como los nuestros –y zanja el tema-.

Los padres de mi abuela vinieron a esta isla hace 40.000 años –prosigue-. Y abuela Emily Kame nació en ella. Me cuenta cómo los ancianos de la tribu sabían muchas cosas sobre las estrellas, sobre la tierra, las plantas y los animales porque los necesitaban para vivir. Además, se pintaban para rezar y cantar y bailar para pedir al Gran Djankawu que no les faltara de nada.

Me cuenta toda orgullosa que “con todo lo que sabían eran capaces de sobrevivir en lugares donde tú hubieras muerto en cuestión de días”. Se ríe mientras me mira. “Es que -prosigue- abuela Emily Kame y su familia aprovechaba cualquier cosa para vivir”. Señalando una estantería del museo me enseña unos miru, boomerangs pintados con diferentes escenas de caza y de figuras geométricas. “Abuelo Twana inventó el miru para poder cazar con más facilidad”.

“Abuela contaba que no podían alejarse de su tierra, que para ella, era su vida: su cultura, su historia, sus creencias, su alimento”. Abre sus grandes ojos negros y prosigue: “hace 15.000 años, abuela era ya mayor –aclara- los campos se secaron y los lagos se evaporaron convirtiéndose en desiertos y tuvieron que empezar a comer otras hierbas, otros animales más pequeños y aprender a buscar agua bajo la tierra”.

“Abuela Emily Kame, cuando contaba esto, me decía: somos unos supervivientes que durante todo ese tiempo hemos sido una de las culturas más ricas de la tierra, capaz de desarrollarnos y mantenernos hasta hoy día en que tú, mi pequeña Emily, seguirás haciéndola crecer con tus ideas, tus dibujos, tu imaginación desbordante, tu bondad y transmitiéndola como el tesoro que es”.

Primera parte

1606. Holanda: 1 – Australia: 0

Emily, al recordar esta parte de la vida de su abuela, se pone más seria. Me cuenta como, una tarde, su abuela paseaba en brazos de su madre por la playa cuando vieron que un barco de nombre Duykfen y que luego resultó pertener a la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales se acercaba a la costa oeste de la actual Península de Cape York. Y muy enfadada recuerda lo que el Capitán Carstensz dijo de ellos: “nativos” que son “los más pobres, desgraciados y miserables desechos” que había visto en su vida. “!!No sabía nada de nosotros y nos insultaba¡¡” suelta Emily con gesto dolorido.

Y me cuenta también que los primeros contactos entre esos señores y los Anmatyerre cuando los marinos pisan tierra firme son muy violentos. Hay escaramuzas en las que ambas partes sufren bajas.




1770. Holanda-Inglaterra (vienen nuevos fichajes, que serán titulares): 2 – Australia: 0.

Poco después, prosigue Emily, llegó a la isla un famoso explorador, el capitán James Cook, que, cuenta indignada “por todo el morro dice que toda la costa Este de Australia, donde vivía mi abuela, era del Rey Jorge III de Inglaterra. ¡Ese señor quería robarnos nuestra tierra¡”. Como tratando de no enfadarse demasiado con este episodio, dice, señalando un libro abierto en una vitrina que parece un diario: “por lo menos mira lo que escribió de nosotros…”. En su diario de abordo, el joven explorador había anotado:

“…a alguno puede parecerles la gente más miserable de la tierra, pero en realidad son mucho más felices que nosotros, los europeos, desconociendo por completo no solamente las superfluas sino hasta las más elementales comodidades que afanosamente buscamos en Europa; son felices sin conocer su uso. Viven en una paz y tranquilidad que no la rompe la desigualdad de su condición”.

A partir de ese día, estas tierras dejaron de llamarse Nueva Holanda (“pobres” holandeses pienso; cada vez que llamaban a un lugar Nuevo Algo -Nueva Amsterdam, Nueva Holanda,…- llegaban los británicos y le cambian el nombre por Nueva York y, en este caso, Nueva Gales del Sur). Y los holandeses tuvieron que irse con las maletas y sus barcos a otra parte.

1783. Inglaterra (el equipo naranja abandona por lesión): 3 – Australia: 0

Contaba la abuela que aquellos marinos que llegaron les dijeron que, de ese día en adelante, Australia pasaría a ser una colonia más del Imperio Británico y que, apunta Emily, “tendrían un nuevo jefe de la tribu, el Rey de Inglaterra, muy rico y poderoso y que vivía tan lejos que nunca le llegarían a conocer. Su abuela, al principio, no notó mucha diferencia con el cambio”.